Editorial El Pais 08/04/2010

http://www.elpais.com.uy/10/04/08/predit_481231.asp

Editorial

[EDITORIAL]

Campo minado

La instalación de una empresa minera india, que pretende explotar yacimientos de mineral de hierro en una amplia zona del país ha desatado una fuerte polémica política. En cierta medida es una polémica envidiable. Algo que se da siempre que una nueva fuente de riqueza, una nueva industria, comienza a buscar su lugar en una sociedad, y debe superar los naturales roces con el sistema de explotación, y de vida, que ha imperado en la zona hasta entonces.

Sin embargo hay aspectos de esta problemática que son preocupantes, y que denuncian que nuestro sistema político no está respondiendo con la celeridad y eficiencia que debería.

El asunto “explotó” cuando grupos de productores de la zona aledaña a Valentines se congregaron para denunciar la incertidumbre e indefensión en que se encuentran ante el avance de los estudios preliminares de la empresa Aratirí. Hasta ese momento era poco y nada lo que se sabía sobre el tema. Los productores denuncian que empleados de la empresa ingresan a sus campos de manera prepotente, con pesadas maquinaria que causan impacto en los suelos, y sin dar mayor información proceden a realizar perforaciones que no saben bien como van a afectar sus tradicionales prácticas de producción agropecuaria.

La empresa sostiene que la ley la ampara para realizar estas actividades, aún contra la voluntad de los productores (que en los hechos no tienen derecho de propiedad sobre el subsuelo de sus campos), y que su intención es extraer un producto muy valioso, para lo que piensan invertir más de 1.500 millones de dólares, y dar trabajo a cientos de compatriotas, además de aportar un jugoso canon al país.

Hasta ahí lo que se sabe. Pero ya comienzan a aparecer los problemas. Por un lado el presidente Mujica busca bajarle decibeles al tema diciendo que es algo que todavía “está muy verde”. Sin embargo, pocos días antes cuando se reunió con los directivos de la empresa, el ex jerarca portuario Fernando Puntigliano y el indio Pramod Agarwal, se informó que la prospección estaba muy avanzada y que hay un 70% de probabilidades de que el proyecto se concrete, dejando entrever que esa fruta está bastante más cerca de ser cortada de lo que dice el mandatario.

Luego surgió la noticia de que la empresa reclama un predio de 200 hectáreas frente al mar en el departamento de Rocha, donde haría un centro logístico y un puerto especial para exportar el mineral. Esto generó la alarma de muchos vecinos, así como de operadores turísticos y entidades ambientales. Nuevamente el presidente Mujica restó trascendencia al tema, y sostuvo que el compromiso del gobierno sería asegurar la venta, alquiler o concesión -por 20 o 30 años- “de un campo solitario, baldío, lejos de los centros de turismo”. En un departamento que tiene menos de 200 km de costa, ¿existen 200 hectáreas baldías y solitarias lejos de los centros de turismo?

Estas polémicas aseveraciones presidenciales aumentan la angustia de los pobladores locales que deben enfrentar la incertidumbre sobre el futuro de su sistema de vida, además de un impacto inevitable en el valor de las tierras y bienes de capital que explotan. Y nuevamente queda claro que nuestros legisladores tienen un debe enorme con la población. Mientras en el período pasado se enfrascaron en eternas polémicas por ambiciosas (y muchas veces innecesarias) reformas sociales, parece increíble que recién se dan cuenta ahora que el Código de Minería está caduco, cuando el auge de estas actividades en toda la región es una realidad que lleva ya años.

Hay que ser claros. Si se criticaba duramente a los “piqueteros” de Gualeguaychú por su oposición irracional y extremista a Botnia, no se pueden abonar aquí actitudes similares, contrarias al progreso nacional. Pero es fundamental que las autoridades se muestren más eficientes y claras a la hora de garantizar que una inversión de este tipo, se haga de una forma económica, social y ambientalmente razonable. El costo de no hacerlo puede ser bastante más alto que los millones que prometen los inversores.

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2 respuestas a esta entrada.

  1. [...] de los parlamentares – y de Bahia Mineração (Bamin –empresa del grupo Zamin Ferrous que proyecta crear minas de hierro em Uruguay, concenró el debate y las críticas al proyecto  durante el [...]

    Responder

  2. Publicado por Francisco Rossi en abril 8, 2010 at 4:58 pm

    Una verdad a medias es una mentira. Y un periodista no puede darse estos lujos de decir verdades a medias.
    El periodista es, en esencia, un escribano de la vida y un guardián de la verdad. Refleja la realidad y luego da fe de que lo que reflejó es la verdad.
    El editorialista de El País sobrevuela el problema y es incapaz de aportar antecedentes de este tipo de inversiones mineras en el mundo. Omite el mundo y las experiencias que éste arroja sobre el problema que hoy se está viviendo con el intento de explotación de minas de cielo abierto en nuestro territorio. Etiqueta a la inversión que viene como una “fuente de riqueza” y declara “envidiable” en el sentido de deseable, la polémica que se ha instalado.
    Riqueza para los inversores, no para los asalariados que pondrán sus cuerpos.
    Y deseable para el editorialista la polémica, porque los que padecen tamaña angustia que techa sus vidas, lo único deseable es que los dejen en paz.
    Los editorialistas acostumbran a mojar su pluma en el tintero de lo vano y superficial cuando buscan el fiel de la balanza de su construcción intelectual para poder estar bien con dioses y demonios. Y este es el caso. Por la omisión citada y por el sobrevuelo fácil y cómplice.
    Así como omite los antecedentes –hay muchos en esta página y en los comentarios que han sido formulados por los lectores- omite conocimientos mínimos sobre el medio ambiente donde los niveles que deben buscarse ya no pueden ser “razonables” porque el planeta ya se cansó de decir basta.
    Con el medio ambiente ya no se puede ser “razonable” se debe ser estricto, que es muy diferente.
    Por la biósfera y por el género humano y el entorno animal y vegetal que la habita.
    En la geometría del editorialista no figuran tampoco los daños constatados de este tipo de emprendimientos, la particular presencia de un abanderado nacional de esa inversión angloindia, que casualmente es del partido gobernante, y que ocupó un cargo privilegiado en la anterior administración y tiene contactos fluidos con el poder.
    Recuerdo los ríos de tinta que se derramaron sobre Tabaré Vázquez cuando siendo jerarca del Departamento de Radiología del Instituto de Oncología, recomendó un software que casualmente vendía su hijo y poco menos que lo lincharon públicamente, hecho que lo llevó a la renuncia temporal a la vida política.
    Pero acá ni se observa, no la ética del gerente general de este grupo inversor porque pienso que es un hombre cabal y no soy nadie para cuestionar su moral, pero por lo menos se podría observar si procede o corresponde que un hombre tan involucrado en el sistema político y con la anterior administración y la actual, abandere esta inversión, cuya sombra tanto daño ya está causando a los pobladores de las más de cien mil hectáreas en donde se está realizando la prospección.
    Los principales diarios del mundo cuentan entre sus filas de periodistas, con especialistas en medioambiente. Una carrera nueva y difícil que por corresponder al terreno de la bioética, se enseña en las universidades como una rama de la filosofía.
    Es cierto que la administración y la clase política han mostrado sus flancos débiles y sus ausencias. También que hay un código minero obsoleto, con una dependencia dedicada a la minería cuyo jerarca admite hoy en el semanario Búsqueda que está incapacitada para ejercer mínimos controles de rutina y cuyo director trabaja en esa función y además lleva las estadísticas de la unidad. Uno se queda perplejo con este tipo de confesiones.
    Con una dirección de medio ambiente sin dinámica. Qué fortaleza puede esperar la sociedad para evitar este tipo de emprendimientos que sólo enriquecen a los que recalan por nuestro suelo.
    Pero también es cierto y el editorialista omite su existencia, que no hay periodistas que sean capaces de interpelar esta realidad. Esa es otra ausencia en el análisis del editorialista.
    Si hubiera periodistas capacitados la sociedad comprendería que la industria que surge, para el editorialista y para la mayoría de la clase política como una panacea para este planeta (la que viene con “fuentes de riqueza”), ha presionado tanto a los organismos de control medioambiental que ha logrado establecer una escala de niveles de contaminación totalmente equivocada y carente de sintonía con la actual realidad de la Tierra. Lo hizo, utilizando todo su poder fáctico.
    Podemos contaminar de diez para abajo porque la Unión Europea fijó esos parámetros, dicen los que acogen a las industrias que desembarcan. Y el Banco Mundial, y los otros organismos internacionales, como coros, aprueban estas falsas escalas.
    Y no son capaces de mirar el cielo y contemplar las catástrofes que todos los días nos dejan paralizados de horror.
    Esas escalas están equivocadas. Es el resquicio que consiguió la industria, fuente de riqueza para sí misma, para poder moverse. Así es, señor editorialista. Concurra, por ejemplo, a la página grist.org al igual que los docentes de las principales universidades de Estados Unidos y participe en sus foros y descubra todo este mundo nuevo y después, recién después, podrá entender que la búsqueda de los acuerdos en materia de medio ambiente no se pueden apoyar en lo razonable. Deben apoyarse en la viga maestra más estricta. El nivel de diez ya no es tal. Es cinco, por lo menos. Yo no lo puedo saber pero el planeta transmite que las agencias ambientales de la Unión Europea y cualquiera otras en el mundo, están equivocadas.
    Finalmente, dividir a la sociedad en los que están a favor del progreso o en contra de eso que usted llama progreso, me parece una desfachatez y perdón por este término pero no encuentro otro.
    Es volver a la época del oeste norteamericano donde ese mismo progreso provocó el holocausto más grande que conoció la humanidad. Ochenta millones de indígenas muertos. Creo que hoy sobreviven ochocientos mil. Especies desaparecidas para siempre, ríos de donde se podía beber tranquilamente el agua (así como lo veíamos en las películas) totalmente contaminados.
    Si el hombre no es capaz de amar al género humano y a su entorno, no merece ser hombre. Es un bárbaro, es una bestia y no se merece el lugar que Dios le regaló para vivir. Y si el hombre no tiene conciencia y miedo a este límite, como dice el presidente Mujica, se va al carajo.
    Ese debería haber sido, según mi humilde entender, el fiel de la balanza de su construcción editorial.

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